Nuestra Presencia en la Industria
- Honestyx nació casi por accidente, como suelen hacerlo las mejores ideas: un grupo de cocineros, nutricionistas y profesores hartos de ver cómo los estudiantes caían en la trampa
de la comida rápida y el cansancio. Imagínate una tarde lluviosa, papeles y pizarras por todos lados, la conversación girando en torno a la pregunta: ¿Por qué no enseñar a preparar
comida real, deliciosa y saludable, como parte integral de la experiencia educativa? Así arrancó este proyecto, primero atendiendo a pequeñas escuelas, hasta convertirse en una
referencia nacional donde la preparación de alimentos se vive como una aventura compartida, no una obligación más. En las aulas de Honestyx—que, por cierto, más parecen cocinas
familiares que salones formales—el ambiente es ligero pero comprometido. Las clases mezclan aromas, risas y desafíos: los estudiantes cortan, mezclan, preguntan, se asombran cuando el
resultado supera sus propias expectativas. “¡Jamás pensé que pudiera cocinar esto!”, he escuchado más de una vez. Y, honestamente, esa chispa de descubrimiento es adictiva. Los
instructores son apasionados, pacientes y, sobre todo, cercanos; nunca hay un “no se puede”, sino un “intentémoslo juntos”. La experiencia se siente como estar en casa, aunque uno
esté aprendiendo técnicas de chefs profesionales. Un aspecto que siempre me ha llamado la atención es la cultura de confianza que aquí se respira. Nadie oculta errores ni se burla de
las dudas; al contrario, compartir fracasos es casi una costumbre—y muchas veces, el punto de partida para nuevas recetas. Además, las oportunidades de crecer profesionalmente son
reales: muchos estudiantes terminan convirtiéndose en asistentes, luego instructores, y algunos incluso han lanzado sus propios talleres fuera del país. ¿Carrera en el mundo de la
alimentación educativa? Sí, pero también una red de apoyo, aprendizaje constante y la agradable sensación de que, al final del día, lo que se cocina es mucho más que comida.